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Mostrando entradas de febrero, 2021

(Me cago en) La corrección política

La corrección política me crea cada vez más rechazo, el cual se ha acentuado en las últimas semanas con el auge de estos pseudogrupúsculos fascistas -más bien retrogrados- con la cabeza aserrinada.  Mi hartura me ha llevado a reflexionar y he llegado a la conclusión de que NO creo en la libertad de expresión cuando se fundamenta en un vacío argumentativo, cuando se fundamenta en mentiras, cuando se trata de crear miedo y rechazo a la población en base a inventivas de la derecha sin base lógica. NO creo en la libertad de expresión cuando supone coartar las libertades fundamentales de las personas más desfavorecidas. Ceder el poder de dirigir a las masas a esta GENTUZA amparándonos en la citada corrección política y la supuesta libertad de expresión solo va a suponer que movimientos clasistas, homófobos, misóginos y represivos alcancen un poder mediático contra el que no vamos a poder luchar. Pensemos un poco y comencemos a tomar conciencia de lo que está sucediendo en España. Las pr...

Te quiero, Madriz

  Estos días estás más bonita que nunca: sin gente, en silencio, limpia. Recorro tu asfalto caliente, tu aire asfixiante. A pesar de ello te adoro, a pesar del agobio, de las prisas y del estrés. Te encuentro cada día más bonita,  aunque muchas veces no te trate  como mereces, o hable mal de ti; pero esto es como con los hermanos, Sólo YO puedo decir lo fea, pesada y cargante que eres. Estos últimos meses me di cuenta de que te pertenezco. Y tú me perteneces a mí. Echo de menos otros lugares, pero siempre estás ahí. En mi cabeza y en mi corazón. Y el otro día volví a recorrerte ebria, drogada y feliz. Lancé muchos besos y tú me los devolviste todos. Creo que fue el mejor reencuentro que pudiera haberme imaginado. Te debo tantas cosas: tus atardeceres contaminados, tu gente abierta, divertida, tu irreductible vitalidad, los reencuentros... Sí, sobre todo los reencuentros. Te quiero Madriz,  te quiero como a nada.

Recuerdos olfativos

A veces siento que soy una persona destruida. Lo he intentado, he intentado que no ocurriese, pero la vida me ha destruido. He intentado reconstruirme muchas veces, pero las grietas eran demasiado profundas y al final la reparación ha sido meramente estética, nada rehabilitadora. Y sí, utilizo esta terminología porque por desgracia llevo más de un año encerrada estudiando el funcionamiento de la administración y, por ende, los tipos de contratos de obras. Pero, a lo que iba, es muy complicado fingir estar mental y emocionalmente sana cuando te llevan golpeando desde que tienes memoria. Me lo imagino como aquel vídeo del “asesino de la cuchara”: “taca taca taca taca”, insistentemente, hasta que te mata con una jodida cuchara sopera.  Nunca he sido una persona victimista. Dramática, de narices. Pero, ¿victimista? definitivamente, no. Al contrario, siempre le he restado importancia a todas las cosas que han ocurrido en mi vida, siempre me he comparado con personas que han tenido una v...