Te quiero, Madriz
Estos días estás más bonita que nunca:
sin gente, en silencio, limpia.
Recorro tu asfalto caliente, tu aire asfixiante.
A pesar de ello te adoro,
a pesar del agobio,
de las prisas y del estrés.
Te encuentro cada día más bonita,
aunque muchas veces no te trate
como mereces, o hable mal de ti;
pero esto es como con los hermanos,
Sólo YO puedo decir lo fea, pesada
y cargante que eres.
Estos últimos meses me di cuenta
de que te pertenezco.
Y tú me perteneces a mí.
Echo de menos otros lugares,
pero siempre estás ahí.
En mi cabeza y en mi corazón.
Y el otro día volví a recorrerte
ebria, drogada y feliz.
Lancé muchos besos y tú
me los devolviste todos.
Creo que fue el mejor reencuentro
que pudiera haberme imaginado.
Te debo tantas cosas:
tus atardeceres contaminados,
tu gente abierta, divertida,
tu irreductible vitalidad,
los reencuentros...
Sí, sobre todo los reencuentros.
Te quiero Madriz,
te quiero como a nada.
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